Dialectos e idiomas
23/08/2023 03:30
POR: Fernando Sandoval Salinas
Una pregunta interesante es: ¿Por qué hay tantos idiomas diferentes?
La respuesta la encontramos acudiendo a los animales y a sus especies. Estas, cuanto más se parecen, se ubican en una misma familia, y lo mismo ocurre con los idiomas, que tienden a agruparse en un mismo tronco lingüístico.
El español, el italiano, el portugués, el francés y muchos otros idiomas y dialectos europeos, como el romanche, el gallego, el occitano y el catalán, son muy similares entre sí. Todos juntos forman lo que se denomina "lenguas romances". Este nombre proviene de su origen común, el latín, el idioma de Roma. Existen otras familias de idiomas, como la bantú en África, que es bastante distinta de la familia románica, y ambas son diferentes de la familia germánica, que incluye el holandés, el alemán y los idiomas escandinavos.
¿Y por qué las familias de idiomas relacionados se separan a lo largo de los siglos? Esto es bien interesante porque cuando oigo el modo en que hablo con jóvenes y lo comparo con mis charlas con la bisabuela Evarista encuentro algunas diferencias, nada graves, me entendía bien con ella, pero si pudiera entablar conversación con gente de hace 500 años que hablaron español me encontraría con expresiones como: Moza tan fermosa non vi en la frontera, como una vaquera de la Finojosa (Fragmento de poema de Íñigo López de Mendoza). Estas locuciones de hace siglos se hablan en castellano, pero un poco diferente al español actual.
Esto implica que los idiomas de cualquier parte del mundo evolucionan a lo largo de los siglos. Si a esto añadimos el hecho de que, históricamente, las personas que hablan el mismo idioma en diferentes lugares rara vez tenían la oportunidad de escucharse entre sí, el resultado es que los idiomas tienden a divergir en direcciones distintas en cada lugar
De ahí las notables diferencias entre el español hablado en México, Argentina, Cuba y España. Los mexicanos, por ejemplo, podemos distinguir fácilmente un acento de la Ciudad de México de uno de Chihuahua o Tabasco. Con el paso del tiempo, tanto el vocabulario como la forma en que se hablan los idiomas se convierten en características distintivas de una región. Cuando dos formas de hablar un mismo idioma se han diferenciado lo suficiente, las llamamos 'dialectos'.
A lo largo de los siglos, diferentes dialectos regionales pueden llegar a divergir tanto que las personas de una región ya no pueden entender a las de otra. Cuando esto sucede, comenzamos a considerarlos idiomas distintos. Eso es precisamente lo que ocurrió cuando el español, el alemán y el holandés evolucionaron en diferentes direcciones a partir de un idioma ancestral común que ya no existe. En particular, el español se originó a partir del latín en diferentes partes de Europa.
Todo esto es razonable. Sin embargo, queda pendiente la cuestión de por qué, siendo el español un idioma inmensamente rico, nuestros jóvenes suelen utilizar solo una pequeña parte de sus recursos lingüísticos. Algunos estudios sugieren que muchos jóvenes apenas manejan unas 200 palabras. Palabras como 'güey' y 'chingado' destacan en su vocabulario.
Una pregunta interesante es: ¿Por qué hay tantos idiomas diferentes?
La respuesta la encontramos acudiendo a los animales y a sus especies. Estas, cuanto más se parecen, se ubican en una misma familia, y lo mismo ocurre con los idiomas, que tienden a agruparse en un mismo tronco lingüístico.
El español, el italiano, el portugués, el francés y muchos otros idiomas y dialectos europeos, como el romanche, el gallego, el occitano y el catalán, son muy similares entre sí. Todos juntos forman lo que se denomina "lenguas romances". Este nombre proviene de su origen común, el latín, el idioma de Roma. Existen otras familias de idiomas, como la bantú en África, que es bastante distinta de la familia románica, y ambas son diferentes de la familia germánica, que incluye el holandés, el alemán y los idiomas escandinavos.
¿Y por qué las familias de idiomas relacionados se separan a lo largo de los siglos? Esto es bien interesante porque cuando oigo el modo en que hablo con jóvenes y lo comparo con mis charlas con la bisabuela Evarista encuentro algunas diferencias, nada graves, me entendía bien con ella, pero si pudiera entablar conversación con gente de hace 500 años que hablaron español me encontraría con expresiones como: Moza tan fermosa non vi en la frontera, como una vaquera de la Finojosa (Fragmento de poema de Íñigo López de Mendoza). Estas locuciones de hace siglos se hablan en castellano, pero un poco diferente al español actual.
Esto implica que los idiomas de cualquier parte del mundo evolucionan a lo largo de los siglos. Si a esto añadimos el hecho de que, históricamente, las personas que hablan el mismo idioma en diferentes lugares rara vez tenían la oportunidad de escucharse entre sí, el resultado es que los idiomas tienden a divergir en direcciones distintas en cada lugar
De ahí las notables diferencias entre el español hablado en México, Argentina, Cuba y España. Los mexicanos, por ejemplo, podemos distinguir fácilmente un acento de la Ciudad de México de uno de Chihuahua o Tabasco. Con el paso del tiempo, tanto el vocabulario como la forma en que se hablan los idiomas se convierten en características distintivas de una región. Cuando dos formas de hablar un mismo idioma se han diferenciado lo suficiente, las llamamos 'dialectos'.
A lo largo de los siglos, diferentes dialectos regionales pueden llegar a divergir tanto que las personas de una región ya no pueden entender a las de otra. Cuando esto sucede, comenzamos a considerarlos idiomas distintos. Eso es precisamente lo que ocurrió cuando el español, el alemán y el holandés evolucionaron en diferentes direcciones a partir de un idioma ancestral común que ya no existe. En particular, el español se originó a partir del latín en diferentes partes de Europa.
Todo esto es razonable. Sin embargo, queda pendiente la cuestión de por qué, siendo el español un idioma inmensamente rico, nuestros jóvenes suelen utilizar solo una pequeña parte de sus recursos lingüísticos. Algunos estudios sugieren que muchos jóvenes apenas manejan unas 200 palabras. Palabras como 'güey' y 'chingado' destacan en su vocabulario.


