Periodismo, ciencia y salud

09/05/2023 08:01

Fernando Sandoval Salinas

Comentando con algunos compañeros periodistas coincidimos en que nuestra tarea informativa frecuentemente es socavada por la presión de la comunicación "de abajo hacia arriba", en un contexto en el que los medios de comunicación están pasando por una revolución permanente y cualquiera puede generar nuevos contenidos, incluso utilizando la Inteligencia Artificial.

Desde luego hacer periodismo es intentar comunicar los hechos extraordinarios y si alguien tiene algo que decir, si tiene habilidades y la capacidad de comunicarlos de una manera simple y efectiva, seguramente contará con una audiencia respetable. Pero también hay peligros igualmente extraordinarios. Esto es tanto más cierto cuanto más nos acercamos a temas y cuestiones de interés inmediato para la persona. Salud, por ejemplo.

En este ejemplo un compañero periodista nos decía: “intenté una entrevista con un médico especialista en salud mental como parte de un reportaje con relación a suicidios en jóvenes y me quedé con la impresión de que los profesionales de la salud debieran aprender un nuevo modelo comunicativo para interactuar no solo con el paciente, sino en general con la opinión pública, para compartir información y conocimiento con él”. Su expresión nos dejó una duda: ¿Y los periodistas que tendríamos qué hacer?

Esta pregunta nos llevó a la experiencia de la pandemia y coincidimos que en materia de comunicación de salud social fue una experiencia contradictoria y tal vez contribuimos desde nuestros ejercicios periodísticos digitales en “subir” información no filtrada y seleccionada que pudo convertirse en problemas sociales cuando se tratan, por ejemplo, de terapias no evaluadas científicamente o "experimentos" propuestos sin haber tenido retroalimentación experimental y empírica.

Total que la reunión informal derivó en una saludable autocrítica, pero en esta también nos planteamos cuestionamientos cómo: ¿Qué hace un periodista desde su modesta página digital para acercarse a los grandes circuitos de información propios- en el caso de la pandemia, de la infectología, la inmunología y la epidemiología? ¿Estaremos condenados a hacer lo más simple, barato y peligroso? ¿tendremos que reducir el conocimiento específico del experto, el clínico, el científico al nivel de opinión no respaldado por datos a contrapelo de que la opinión pública buscaba opiniones autorizadas, en un momento de gran tensión y peligro?

En el ejemplo de salud concluimos en la urgente necesidad de pensar en una colaboración en el campo de la comunicación de la ciencia y la medicina, en la participación de médicos y científicos en el debate público, incluso si no estamos en jaque de una enfermedad emergente. Pensamos que los periodistas debemos acercarnos lo más posible al método científico, también aprender a no reducir la información científica a histogramas e infografías, a números cuyo poder retórico hoy supera al de cualquier palabra, pero corre el riesgo de producir más malentendidos que información.

Y ahí está el reto, ojalá surjan recursos, capacitaciones y sobre todo buenas voluntades para lograrlo.

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