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La 4T se atraganta con Rocha Moya… el PAN se acomoda y en Juárez se acaba el voto de los patrones

24/08/2026 11:56


POR: Roger Castorena Menchaca
alinstantechihuahua.com

 
Por si alguien pensaba que este fin de semana la política mexicana iba a regalar un poco de tranquilidad, la 4T decidió demostrar que todavía puede producir más episodios que una telenovela de bajo presupuesto.
 
El sainete comenzó en Sinaloa con el gobernador Rubén Rocha Moya, quien después de permanecer 112 días separado del cargo decidió regresar a gobernar como si nada hubiera pasado. Bueno, como si nada hubiera pasado excepto las acusaciones, las presiones políticas, el señalamiento de Estados Unidos y el pequeño detalle de que prácticamente nadie parecía estar enterado de que el señor tenía boleto de regreso.
 
Porque aquí aparecen dos versiones, y ninguna deja particularmente bien parada a la llamada transformación.
 
La primera: que Rocha Moya tomó la decisión por cuenta propia, en un despliegue de autonomía política digno de mejor causa.
 
La segunda: que consultó con su compadre de Palenque, el innombrable, pero se le olvidó avisarle a todo el resto de la estructura morenista.
 
Y si fue la segunda, habría que preguntarse si Claudia Sheinbaum se enteró por los periódicos o si alguien tuvo la delicadeza de avisarle antes de que el gobernador cruzara la puerta de Palacio.
 
Lo cierto es que el regreso de Rocha tomó por sorpresa a distintos actores de la 4T. Y, después de la correspondiente consulta entre las cúpulas morenistas, vino el segundo acto: nueva licencia, ahora por tiempo indefinido.
 
Es decir, Rocha regresó para volver a irse.
 
Una especie de gobernador con servicio de entrada y salida.
 
La presidenta Claudia Sheinbaum terminó diciendo que la segunda licencia “fue lo mejor para Sinaloa” y que Rocha Moya había tomado decisiones personales. También señaló que no había hablado con él desde su primera licencia.
 
Traducción política no oficial: “Yo no fui”.
 
Y ahí está precisamente el problema.
 
Si Gobernación se deslinda, si Morena dice que el gobernador no avisó y si la presidenta asegura que no habló con él, entonces la pregunta inevitable es: ¿quién demonios tomó la decisión?
 
Porque en la política mexicana las casualidades suelen tener domicilio conocido.
 
Y mientras desde Washington seguían pesando los señalamientos contra Rocha Moya, en México se montaba otro espectáculo: una ofensiva discursiva de Morena contra Estados Unidos, alimentada por el episodio relacionado con Andy López Beltrán y la revocación de su visa.
 
La estrategia parece bastante conveniente: cuando el problema es incómodo, nada mejor que cambiar el escenario, sacar la bandera, invocar la soberanía nacional y convertir cualquier cuestionamiento en una supuesta agresión extranjera.
 
Así, el debate deja de ser sobre las explicaciones que algunos funcionarios deberían dar y se convierte en una discusión sobre quién quiere más a México.
 
La política de siempre, pero con memes nuevos.
 
Y mientras la 4T se pelea consigo misma, el PAN decidió hacer algo que en política mexicana también puede considerarse deporte extremo: hablar de unidad.
 
Jorge Romero, dirigente nacional de Acción Nacional, estuvo en Creel durante el campamento “Es Líder Conquista 2.0”, con un discurso centrado en formar liderazgos y preparar al partido rumbo a 2027.
 
Muy bonito todo.
 
Unidad, territorio, ciudadanía, organización y la alternativa que México merece.
 
El problema es que en Chihuahua la palabra “unidad” tiene actualmente más interpretaciones que candidatos buscando una alcaldía.
 
Porque mientras Jorge Romero hablaba de cerrar filas, en Chihuahua y Ciudad Juárez se libra una peculiar guerra fría entre quienes quieren ser candidatos y quienes quieren decidir quiénes serán candidatos.
 
Y ahí aparece el asunto que más incomoda a varios panistas: la militancia.
 
Santiago de la Peña ha reconocido que no milita en ningún partido desde hace casi una década y ha insistido en que respetará las reglas que establezca la dirigencia.
 
Una postura institucional, sin duda.
 
Aunque en política, cuando alguien empieza a sumar apoyos, reuniones y adhesiones antes de que siquiera exista una definición formal, suele ser una manera bastante elegante de decir: “Yo no estoy haciendo campaña; la campaña se está haciendo sola”.
 
Y resulta que la semana pasada continuaron los acercamientos alrededor de su proyecto.
 
Entre quienes han coincidido con él estuvo Rocío Reza, quien resumió el encuentro hablando de unidad y de valores como Patria, Familia y Libertad.
 
El mensaje, desde luego, iba dirigido a todos.
 
Pero en política existe ese viejo principio de “te digo Juan para que entiendas Pedro”.
 
Y en el PAN chihuahuense hay varios Pedros que probablemente ya entendieron.
 
Sobre todo porque todavía nadie les explica con claridad cómo se va a cocinar la selección de candidatos para 2027.
 
Y cuando no hay reglas claras, florecen los rumores, las reuniones discretas, las encuestas misteriosas y, por supuesto, las guerras intestinas.
 
CANACO: se acabó el voto de los patrones
Pero si en el PAN están aprendiendo que los tiempos cambian, en Ciudad Juárez acaba de ocurrir algo todavía más interesante.
 
La CANACO Juárez decidió ponerle punto final a una práctica que durante décadas permitió que un reducido grupo empresarial tuviera un peso desproporcionado en las decisiones de la cámara: el llamado voto corporativo.
 
Durante más de medio siglo, la figura de Federico “Freddy” de la Vega Mathews estuvo asociada al enorme poder que una familia empresarial llegó a ejercer dentro de la organización.
 
Freddy de la Vega, fallecido en 2015, tuvo una influencia que trascendió lo empresarial y alcanzó también al terreno político, donde durante décadas mantuvo relaciones con gobiernos y candidatos de distintos partidos.
 
Después de su muerte, sus hijas Guadalupe y Alejandra de la Vega conservaron una importante influencia dentro del organismo.
 
Parte del problema estaba en una antigua disposición estatutaria que otorgaba un voto por cada establecimiento de determinadas cadenas comerciales, lo que en los hechos generaba una diferencia abismal entre la capacidad de decisión de unos socios y otros.
 
La democracia empresarial tenía, pues, una pequeña peculiaridad: algunos votos parecían venir con sucursal incluida.
 
Eso cambió la semana pasada.
 
El actual presidente de CANACO Juárez, Iván Antonio Pérez Ruiz, impulsó un referéndum interno para modificar esa práctica y acabar con el voto corporativo.
 
El resultado fue contundente: 1,119 votos a favor y 419 en contra.
 
No fue una paliza; fue una explicación.
 
Y de paso se incluyó la paridad de género en el Consejo Directivo.
 
La consecuencia política y empresarial es evidente: la poderosa familia De la Vega ya no tendrá la posibilidad de reproducir dentro de la cámara el viejo esquema de control mediante votos multiplicados por establecimientos.
 
Se acabó, pues, aquello de socios de primera, segunda y tercera categoría.
 
Y probablemente también se acabó la época en que algunos podían sentirse dueños del organismo aunque el organismo tuviera miles de afiliados.
 
Lo más interesante, sin embargo, puede estar en lo que viene.
 
Porque Iván Pérez no solamente está mostrando capacidad para mover al sector comercial. También empieza a llamar la atención por su capacidad de convocatoria entre sectores de la sociedad civil.
 
Incluso hay quienes aseguran que en algunas mediciones políticas ya aparece por encima de varios políticos locales.
 
Eso, naturalmente, ha puesto nerviosos a más de uno.
 
Porque una cosa es competir contra un político que lleva años haciendo campaña y otra muy distinta es que aparezca alguien del sector empresarial con reconocimiento, estructura y capacidad de convocatoria sin tener que cargar con el pesado equipaje de los partidos.
 
Y ahí sí empieza lo interesante.
 
Mientras Morena sigue tratando de explicar quién manda en Sinaloa, el PAN intenta decidir quién manda en Chihuahua y Ciudad Juárez, y CANACO acaba de decidir que ya no mandarán los mismos de siempre.
 
Al parecer, el verdadero problema de la política mexicana no es que no haya democracia.
 
Es que de repente alguien se toma la molestia de ejercerla.
 
Y cuando eso ocurre, a más de uno se le descompone el discurso, el proyecto… y hasta el negocio.
 
La función apenas comienza.
 
Y todavía falta 2027.
 

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