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¡Soló somos periodistas!

03/04/2025

 
Un reportero nunca debe ser noticia principal de ningún medio, porque cuando eso sucede obedece a dos razones: porque fue agredido, peor aún fue asesinado; o por enfrentar una demanda judicial.
Esas son las dos razones principales para aparecer en portada y en ambos casos es negativo.
En México se ha vuelto tema cotidiano el asesinato, la agresión y las demandas contra reporteros; a muchos personajes que gustan de la vida pública y gozan las mieles de la popularidad, de pronto les desagrada se les descubra un pasado oscuro en el servicio público, un acto de corrupción o estar en listas de agresores sexuales de mujeres o formar parte de una lista de deudores morosos en el pago de pensiones alimenticias; detrás del señalamiento periodístico ven una mano que meció la cuna, pero jamás reflexionan sobre su proceder que fue el origen del señalamiento.
Es entonces cuando asumen actitudes violentas o de aparente indignación.
El periodismo en México cada vez enfrenta nuevos retos y amenazas; pero la Libertad de Expresión es un bien que se debe tutelar y resguardar con toda la fuerza de las instituciones, de los ciudadanos y de los propios periodistas.
Un personaje público, que asume tintes de redentor social, debe comprender que estará sujeto a un intenso escrutinio social y que sus acciones del pasado tendrán impacto en sus actos del presente, por eso es necesario que su actuar esté sujeto a las leyes, a la decencia, al decoro público y debe prever que todo lo que hizo y hace serán objeto de interés público.
El señor Guillermo Ruiz Campoy, un político de Navojoa, creyó que era buena idea demandar al periodista Rafael Cano Franco y con muy poca inteligencia emocional se lanzó a los juzgados para intentar lavar su honor.
No pidió derecho de réplica, no trato de aclarar los señalamientos en su contra, optó por presentar una demanda y luego hacerla pública para tratar de mostrar que nadie le puede cuestionar o escrutarle su pasado.
No solamente exhibe su inmadurez política y la falta de oficio para enfrentar las críticas; deja de manifiesto su falta de control emocional y expone a su propio instituto político, el Partido Sonorense, a ser cuestionado por incluir en su militancia a personajes como él.
El periodista tiene como tribuna los espacios donde opina, analiza, reflexiona y plantea posturas ante hechos o sucesos consumados; intentar limitar el contenido informativo de esos espacios es un acto de censura y una forma burda de tratar de acallar las críticas y señalamientos.
No sabemos que molestó a Guillermo Ruiz Campoy:
Pudo ser que se dijera fue síndico municipal en la administración de Rosario Quintero, un gobierno municipal de Navojoa marcado por el desaseo administrativo, la falta de trasparencia y el exceso de opacidad, donde se privilegió la frivolidad por encima del cumplimiento de la responsabilidad.
¡Ahí estaba Guillermo Ruiz Campoy!, era el Síndico Municipal, un cargo que le confirieron los navojoenses para que vigilara el accionar del gobierno y donde, derivado de los resultados fue omiso y puede ser que hasta cómplice.
Igual se pudo molestar por señalar que su carrera partidista está impregnada de inconsistencias y deslealtades. Abandonó las filas de Morena cuando no lo consideraron como buen candidato para la alcaldía; emigró al Partido del Trabajo donde consiguió la candidatura y fue regidor, de muy pobre desempeño, por cierto; pero a ese partido también lo dejó para cambiar de ropaje y vestirse con los colores del Partido Sonorense, desde donde intenta, ¡otra vez! ser candidato.
Pero está visto que no son los partidos los del problema, ¡es él quien no da la talla!
El motivo para que Ruiz Campoy denunciara a Rafael Cano, pudo deberse a que se le acusa de no pagar una pensión alimenticia y desde esa perspectiva se cuestiona la validez de su desempeño público con su actuar en lo privado.
Es posible que derivado del señalamiento, finalmente asumió sus responsabilidades familiares, algo para lo cual también sirve el periodismo ¡para obligarlos a cumplir!; pero eso no lava que lo hizo casi obligado y solamente para luego intentar lavar su imagen y poder demandar al periodista.
En fin, Guillermo Ruiz Campoy es uno de esos políticos que ahora abundan; frágiles, carentes de ideales políticos, acomodaticio y de extrema sensibilidad en la piel, que gustan de los medios cuando los halagan pero que los demandan cuando los desnudan.
Por todo lo anterior yo estoy con Rafael Cano.

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