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De películas y dinosaurios

16/02/2023 09:20

Por: Fernando Sandoval Salinas

Los dinosaurios siempre serán enigmáticos y adorables. Por eso me llama la atención el   giganotosaurio, el nuevo ‘villano’ de ‘Jurassic World: Dominion’.

Tratando de saber quién es este malandro fílmico encontré que vivió hace 97 millones de años en Sudamérica; solo hay dos ejemplares fósiles y uno es apenas un fragmento de mandíbula. Sus dientes eran grandes, afilados y curvos como sables sarracenos. Se desplazaban más o menos a 40 kilómetros por hora y con sus 13 metros de largo y sus siete toneladas le convertían en el principal depredador de Sudamérica.  

Los restos fueron descubiertos por F. Rubén Carolini en Argentina en 1993 en la provincia patagónica de Neuquén y por eso fue bautizado como Giganotosaurus Carolinii. El hallazgo tuvo otra virtud más porque el pueblo en donde se halló sufría una creciente migración, fenómeno que el novedoso dinosaurio frenó al convertirse en una atracción científica y turística. Hoy se dice: “El villano de la película es el héroe del pueblo”.

El film, en fin, película, encierra elementos ficciosos y mentiras evidentes porque el Giganotosaurus Carolinii en realidad, no era mucho más grande que el Tyrannosaurus rex, el anterior gran malandro. Y no compartieron geografía ni época. El primero vivió hace 70 millones de años en el norte de América y el segundo hace 100 millones en el sur del continente. Tienen 30 millones de años de diferencia, por lo que la adaptación de la película suena a “ajustes de los que el público suele gozar”.

Enseguida, el hallazgo del gigante patagónico solo arroja conocimientos desde fragmentos óseos fosilizados, no hay más, y como todo en ciencia requiere de tiempo, quizás en 5 o 10 años sabremos cosas más acabadas del héroe/villano. No obstante, los cineastas lo visten de cresta, pero esta no se encontró por lo que tal ausencia podría ser, dice María V. Ennis, “una licencia artística”.

Otros rasgos plasmados en el largometraje arrojan nuevos “cuentos” como las dentaduras que se muestran prácticamente idénticas a pesar de que es en lo que más se diferencian. “Los dientes del giganotosaurus son más parecidos a cuchillos y los del tiranosaurio a plátanos”.

Además de la geografía y la edad geológica, el enfrentamiento contiene otra falacia señalada por expertos consistente en que a la fecha no hay evidencias científicas de disputas territoriales entre dinosaurios, por lo que los dinosaurios villanos no andarían como los dorados de Villa “buscando siempre con quien pelear”, ni se echarían un tiro solo para entretenerse o para satisfacer “su conducta asesina”.

 Entendemos perfectamente que es una película y que el malandro tiene que aportar suspenso y terror, pero de ahí a la realidad hay un gran trecho.  

Mientras, la inclusión de esta especie en la zaga de films Jurasic Worlds acrecienta la emoción en torno a las ganas de una máquina del tiempo para ir a ver ese combate, y nuevas oportunidades para la ciencia, sin duda catalizadas por este tipo de cine, aunque sea solo para contrastar mentiras.

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