… desde el asiento de atrás se sabe todo
16/05/2024 03:42
“Imagínese, en alguna ocasión
a una señora se le olvidó a
su bebé en mi carro; lo dejó
dormido en el asiento de atrás”
Por Fidel BAÑUELOS
La modernización del transporte público en México comenzó a darse a la par de casi todos los países en el mundo con el surgimiento acelerado de las tecnologías. De acuerdo a una recopilación de trabajos periodísticos, en nuestro país los taxis o carros de alquiler se diversificaron como tales durante la primera década del Siglo pasado y fue en los 80´s, 90´s, cuando tuvieron su auge.
Con la digitalización del servicio y surgimiento de compañías como Didi, Uber, Cabify, inDrive, Moovit y otras, más del 50% de los tradicionales carros de sitio o vehículos de alquiler han perdido clientela, así se asienta en informes del Movimiento Nacional Taxista; en voz de líderes de sindicatos de choferes de sitios; en publicaciones del Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE) y en estudios académicos hechos desde la Universidad Autónoma del Estado de México y en el ITESM.
En ese transitar diario, los choferes del transporte de alquiler acumulan experiencias y anécdotas de todo tipo. Su automotor se convierte en un confesionario y en un intercambio de opiniones.
A consecuencias de esto, se desarrolló este trabajo periodístico en el que se entrevistaron a varios conductores de plataformas digitales quienes hablaron de buenos y malos acontecimientos.
La primera entrevista fue el viernes 16 de febrero del año 2024, marcado como día primero. A las 10:16 hrs. solicité el servicio de Didi para que me llevara hasta mi lugar de trabajo. Me atendió Leonardo, un joven amable que me hizo cómoda la travesía. Como era la primera vez que yo utilizaba este tipo de servicio de transporte, el conductor me dio algunos tips para el uso de la aplicación. Me platicó los beneficios que recibe él y las horas que diariamente le invierte en la “chofereteada” para ganarse mínimo mil pesos ya libres, por supuesto con experiencias desagradables con sujetos que los quieren golpear, robar… pasando por lidiar “borrachos” o atender señoras que los agarran de choferes particulares: “lléveme aquí; espéreme; ahora lléveme allá…”
Viaje 2.- Por la tarde del sábado 17, a las 15:07 Hrs. llegó Jorge, un chofer de Didi que me trasportó hasta el domicilio de un familiar que me invitó a comer. A la llegada a la casa del pariente, me di cuenta que algo me faltaba: ¡¡mi celulaaaaar!!... era hombre muerto... Inmediatamente y desde el teléfono fijo de la morada a la que acudí, marqué a mi celular y contestó Jorge. Para mi fortuna se portó honesto y dijo que con gusto se regresaba para entregarme el equipo pero primero llevaría a la pasajera que, un minuto antes, requirió su servicio de traslado. Alcancé a escuchar la voz de una señorita quien le pidió a Jorge “sin ningún inconveniente regrésese”. Así le hizo el amigo, llegó hasta dónde yo estuve en un tiempo no mayor a los 11 minutos. Fue la señorita Andrea la que encontró mi celular en el asiento trasero del Sentra gris obscuro. Ella sabía lo que implicaba estar tan sólo un momento sin ese aparato o perderlo para siempre. Los gratifiqué a ambos.
Viaje 3.- Ese lunes 19 de febrero, estuvo lloviendo desde las primeras horas del día en Chihuahua capital, era obligado el periplo en Didi a uno de los lugares donde haría una asesoría. Rubén pasó por mí a las 15:21 hrs., se trataba de un hombre no mayor a los 40 años de edad, era de los que gustan intercambiar diálogos con el cliente porque de lo contrario sus viajes le resultan cansados. Y pues hablamos de los pasajeros “aburridos”, esos que se suben a la unidad y se entretienen con el cel, los que no quieren interrupción.
Pues resultó, ya entrados en la charla, que un mal día, reciente, Rubén llegó a un domicilio por un varón que al sentarse en el asiento trasero de su automotor, éste le preguntó en tono de ironía: “pero válgame mi amigo, su señora es de armas tomar, pues lo mandó a trabajar con el bebé”. Rubén sorprendido: “¿cuál bebé?”… “pues este que lleva aquí atrás…” Fue tanta la sorpresa de Rubén que detuvo su vehículo para ver a aquella “bendición”. Y recordó que en su anterior viaje dejó a dos mujeres en una humilde finca. “Mire amigo, dígame a dónde lo llevo para regresarme a la casa de las señoras y entregarles al niño”… “No se apure, incluso, quiero ir con usted para verle la cara a esas viejas inhumanas e irresponsables”, sostuvo el pasajero.
Y así fue, ambos se regresaron a la vivienda ubicada en una colonia periférica, de esas de las que aún presumen las calles sin pavimentar. “Después de varios toquidos a la puerta, abrió una mujer semi desnuda, en brasier y calzones, y pues le dije: “olvidó a su bebé en mi carro. Ella lo agarró y sin darme las gracias ni tener un mínimo de asombro, me lo quitó y lo puso sobre sus brazos; se dio la media vuelta, cerró la puerta de la casa y sin más ni más… Imagínese, de ese nivel son las anécdotas de lo que a diario registro en este andar”, mencionó Rubén.
Viaje 4.- Al salir de mi trabajo, en el centro de la ciudad de Chihuahua, saqué mi cartera que suelo cargar en la bolsa derecha y trasera del pantalón; constaté que traía un billete de a 100 pesos. No tenía ganas de subirme al Vive Bús (transporte troncal), así que pedí el carro en la plataforma de Didi para que me llevara a mi morada. El costo era de $47.00 pesos así que acepté. Leí en la aplicación que el chofer se llama Lauro y conduce un sedán Peugeot de color azul marino. Arre pues. El vehículo llegó a los 8 minutos de solicitado y a las 15:40 hrs. se detuvo justo a la altura de la avenida Juárez, esquina con Independencia.
Me subí por la puerta de atrás, lado derecho del piloto, como habitualmente lo hago: “mi Fide, ¡qué hondas! ¡qué gusto verte! Años sin saber de ti”… -en la torre, mi Lalo, en serio que gusto. Qué padre que te veo-. “Pues mira, aquí dándole ahora a la chofireteada. Me la paso bien”… -¡fregón!, y ¿qué pasó con tu bodega, el negocio del mercado?- “Pues ahí está todo igual, el negocio lo atienden mis hijas y yo acá me salgo para distraerme”…
Y así fue, ese viajé me resultó un ameno y rápido diálogo de amigos. Lauro y yo estuvimos en la Secundaria Estatal 11, nos conocimos en el pasillo de la escuela cuando ambos nos buscábamos en las listas para checar si nos aceptaron luego de hacer el examen de admisión. Y sí, ahí estábamos ambos, quedamos en el mismo salón, el 1ero “C”. Desde el año 1981, Lauro y yo hicimos una bonita amistad, como de hermanos. Vaya sorpresa encontrarlo.
Viaje 5.- La noche del miércoles 21 de abril, a las 20:14 hrs., el señor Edgardo pasó por mi a un restaurant bar, allá por la avenida Mirador donde esa tarde degusté unas suculentas bebidas con 5 grados de alcohol. Y es que cuando ingiero más de 5 cervecitas suelo ponerme platicador y ameno, no soy de los que me transformo para mal ni me pongo violento.
-Sabe que en la Secundaria tuve un compañero que se llama o se llamó igual que usted, le decíamos “leopardo”, jajajajjaa. No es un nombre común-, le dije- para entablar plática. “Si es cierto, sabe que el nombre me lo pusieron por mi abuelo paterno y mire, ya ve cómo es esto, son las herencias que tenemos que cargar”, respondió el chofer.
Luego de avanzada la plática, Edgardo entró en confianza y me dijo que en ese trabajo soporta con “borrachos” necios -no lo dijo por mí-, a quienes traslada de un lugar a otro. “Y sabe, en alguna ocasión se subieron a mi carro dos jovencitas, como de 15 ó 16 años de edad, era increíble verlas pedísimas. Lo triste del caso es que las dos estaban vestidas con minifalda y pues imagínese, sin pudor. Las dos platicaron entre ellas de lo bien que la habían pasado y hasta de sus intimidades con los otros jovencitos de la fiesta a la que habían acudido. Lo grave también es que eran pasadas las 2 de la madrugada y bueno, no sé cómo hay padres tan confianzudos y permisivos de esta manera con sus hijos, peor aún, con niñas; tanta violencia e inseguridad que nos rodea. Y si le platicara mi amigo, pues son muchos los casos que vivo con ellos cada fin de semana, con decirle que tengo que estar llevando mi carro al lavado porque me lo vomitan y tiran las cervezas en el piso y en el asiento”…
Le recomendé a Edgardo que comience a redactar un libro de sus vivencias más entretenidas que a diario vive. No lo vio mal y con una mueca me dio a entender que sería probable considerar mi sugerencia.
Viaje 6.- El domingo 25 del mismo mes, a las 10:33 de la mañana llegó a mi domicilio el joven Juan Carlos, un orgulloso conductor de su Sentra gris claro. Le pregunté ¿cómo han estado sus viajes? y me respondió que empezó su jornada del día desde las 8 de la mañana y ha tenido ya varios pasajes. “Anoche me corté temprano porque la gente se pone necia. Subí a una pareja que estaban saliendo de la Cervecería y al buen rato, en el camino, empezaron a discutir. El sujeto, quien pidió el servicio, se bajó en la Lealtad I y sin mediar palabra aventó la puerta de mi carro. La mujer me pidió que la llevara hasta Ranchería Juárez (alrededor de 6 kilómetros entre ese punto y el de ella). Y pues ni se imagina, al llegar a la casa de la damita se bajó y me dijo “gracias”; pero… ¿cómo gracias?, tiene qué pagarme. Y ella dijo que el servicio lo pidió el novio, que ella no tenía dinero, que si quería el dinero pues me regresara a la casa donde el resentido se bajó y ahí le cobrara a él. En serio qué ojetes, no sé por qué hay personas así tan abusonas. Yo sé que fue un teatro de ambos para no pagarme el viaje, pero bueno, lo que ellos deben saber es que en el siguiente viaje que soliciten se les va a cobrar este dinero; ya hice mi reporte”.
El caso es que ya en la Iglesia recordé la plática de Juan Carlos y pedí a mi Creador por la seguridad de él y de todos los choferes que ponen en riesgo su vida.
Viaje 7.- Pasadas las 2 de la tarde (14:25 hrs.) de este lunes 26, recibí llamada telefónica de un familiar para invitarme a comer en su casa; obvio acepté porque hizo milanesas.
Al terminar el horario de trabajo, pedí el Didi y pasó por mi Angélica (15:04 hrs.), una mujer joven y muuuyyy platicadora. Con ella me sentí incómodo por varios motivos: 1) era la primera chofer en femenino que me atendía, y a decir verdad, es como si disminuyera mi caballerosidad ya que soy el que maneja el vehículo en casa. 2) Sabía que si le sacaba plática aquello pudiera mal interpretarse y por ende correr el riesgo de aplicárseme el Reglamento de Justicia Cívica para el Municipio de Chihuahua, pues no quería ir a comparecer ante un juez en la Comandancia de Policía por algo que no hice, y 3), No sabía qué temas intercambiar con Angélica.
Al fin ella empezó la charla: “sabe que me la paso muy a gusto aquí en este trabajo. Estaba en una oficina con unos abogados pero aquí gano más dinero y administro mis tiempos. Tengo que ayudarle a mi marido con los gastos, y es que mi madre necesita medicamentos muy costosos que no podemos comprarle con el sueldo de él. Mi esposo y yo tenemos claro que los gastos son muchos; él se encarga de la casa y de mis hijos, y yo de comprarle su tratamiento a mi madre, y sí, le invierto la mitad del día y con eso basta para completarle el costo de las cajas y hasta me queda para otras compras”.
El hecho es, la charla empezó con un “buenas tardes”, justo al momento que abordé su vehículo, un Ford Fiesta color azul marino. El viaje me resultó cómodo y seguro, nada que ver con la percepción de la chofer que terminó con platicarme esa etapa de su vida.
Viaje 8.- La tarde del jueves 29 de febrero, estaba convertida en noche. Pasé un rato en un restaurant-bar donde conviví con un par de amigos con quienes traté temas de negocios. A 19:03 hrs. abrí desde mi celular la aplicación de Didi y solicité el traslado a mi domicilio. A las 19:11 horas llegó el vehículo. Ángel, un chavorruco, platicador y divertido, fue mi nuevo chofer, eso sí, orgulloso de su carro Mazda 3, color guinda, limpio, de reciente modelo y con agradable aroma ambiental.
“Oiga Ángel, que bonito su carro, lo felicito… lo trae impecable” -le dije-. Tenía que reconocérselo. “Gracias amigo. Y sí, me gusta mi carro y lo cuido mucho porque forma parte de mi personalidad. Imagínese, hace dos semanas una pareja de jovencitos me pidieron que los llevara a un motel pero fue tanto lo que les gustó mi carrito que hasta me pidieron que les diera permiso para que, antes de llegar a su destino, hicieran el amor allá atrás (jajajajajaja-sonrió)”. ¿Y eso? -le pregunté asombrado-. “Pues es que dijeron que entre sus fetiches estaba la de tener sexo en un Didi… y tomarse video. Obvio les dije que no, porque estaba expuesto a que me agarrara la poli y hasta yo iría a la cárcel por este delito, es más, creo, los mocosos eran menores de edad…”
Lo interrumpí y le platiqué que esa práctica de las parejas se le llama dogging, es una moda que nació al parecer en Inglaterra. “Pues será una enfermedad (me interrumpió), una loquera o una moda, yo no me iba a exponer a que de consentidor y espectador, me convirtiera en preso en una cárcel. Esta juventud de ahora está trastornada…. Verá, luego, cuando lo vuelva a encontrar, le platico más historias…”.
Viaje 9.- Se me estaba haciendo costumbre llegar a casa con aliento alcohólico. Otros amigos se atravesaron en mi camino, así son las malas influencias. A las 22:11 hrs. de ese viernes primero de marzo, pedí el servicio de transporte en Didi y a los 13 minutos llegó hasta el punto de mi ubicación; Jesús, un joven escuchimizado, poco corcuncho y con aspecto de “cholo”. Tatuajes en el cuello y brazos, eso sí, con barba de candado. Muy platicador, nada que ver su apariencia. Me dijo que es empleado de Gobierno estatal y, pasadas las 3 de la tarde entre lunes y viernes, trabaja como chofer en la plataforma de Didi; los fines de semana es mesero en eventos sociales.
Jesús recordó que desde jovencito ha sido muy trabajador, se ocupaba en lavar carros y ayudarle a su mamá en repartir comida; la doña tenía su merendero en el centro de la ciudad de Chihuahua. Le pregunté a Jesús en dónde estaba el mesón. Y claro, resultó que fui comensal asiduo de la señora Eva.
-Sabe, quiero que sepa, conocí a su jefita muy bien, muy platicadora y amable su mamita-. Luego le pregunté a Jesús ¿qué es de ella? y me respondió que su mamá murió, -“la mató un chofer de camión urbano hace 2 años, en el 2022. Ella iba bajando por la puerta de atrás del camión y el animal del chofer creyó que mi madre ya se había bajado, pero nada, se atoró de un zapato con la puerta y la bestia le siguió dando al camión arrastrando a mi mamá por el pavimento, pese a que ella gritaba y lloraba, el tipejo seguía circulando el camión, dicen que fueron más de 50 metros los que avanzó hasta que gracias a los pasajeros logró detenerse, pero mi madre ya estaba muerta. Estoy seguro que el sujeto lo hizo con toda la intención de matarla porque sabía que si mi jefa quedaba viva, el chofer tenía que pagarle su incapacidad de por vida. Qué triste es quitarle la vida así a una persona, para ellos sale más barato hacer eso que dejarla con vida”…
Y uff!!, me quedé sin aliento con tan desgarradora noticia de la señora Eva. Sobre todo porque la conocí, la traté en varias ocasiones y fui su cliente. Tenía buena cocina, sobre todo las tortas de picadillo…
Estas son pues pocas de las muchas anécdotas recopiladas de operadores del transporte de la plataforma Didi. Algunos con buenos y limpios vehículos, otros un poco descuidados y ruidosos. Algunos choferes atentos y platicadores, otros serios y malhumorados. De todo encontré…
La inseguridad en el estado de Chihuahua se ha incrementado entre este sector laboral. Desde el año 2020 hasta el mes de marzo del presente 2024, la Fiscalía General del Estado informó que 52 choferes de plataformas digitales resultaron asesinados: 29 en Ciudad Juárez, 19 en la capital, 2 más en Aquiles Serdán, 1 en Cuauhtémoc y uno en el municipio de Meoqui.
La FGE dio a conocer que Uber es la compañía que más víctimas registra con 26 casos, seguido de DiDi con 18 y el resto pertenecen a inDrive. Las estadísticas no terminan aquí, sino que de acuerdo a información oficial, 33 choferes de estas plataformas fueron víctimas de lesiones dolosas causadas por sus pasajeros, esto en el mismo periodo de enero del año 2020 a marzo de 2024; sumado a lo anterior, 209 guiadores reportaron ser sujetos de algún robo y en otros casos, fueron despojados de sus vehículos.
La inseguridad sigue siendo el tema de protesta y reclamos que hacen tanto choferes como pasajeros. Hasta el momento no se conoce cuántos de estos 52 asesinatos en el estado de Chihuahua, ya fueron resueltos.


